CAPITULO 4
Mientras aguardaba en el salón, siguió imaginando el momento de la verdad. No tenia duda de poder llevarlo a cabo, su odio acumulado y contenido era demasiado grande como para que pudiera, de alguna forma, sumergirlo en el olvido.
Ahora tenia una base, una idea mas concreta para planearlo todo. El asesinato tendria lugar en un aeropuerto. Sabia que Atilio viajaba seguido por negocios, y no seria difícil cruzarlo en algun aeropuerto. A medida que pensaba en el crimen, iba decidiendo los detalles. Por ejemplo, deberia tener lugar en algun aeropuerto de algun pais lejano pero no exotico, para no despertar sospechas de que 2 individuos de la misma nacionalidad coincidieran en un lugar asi. Por lo tanto, deberia ser en algun lugar de Europa o America.
No podria ser con un arma, ya que seria imposible franquear la seguridad. Fue barajando y analizando las distintas posibilidades: estrangulamiento con una soga o elemento similar, lo cual ofrecia el beneficio de que podria perfectamente llevar el elemento consigo sin que se notara, pero la desventaja de que seguramente se produciria una lucha y esto llamaria la atención y no le aseguraba el resultado. Atilio era un hombre fuerte y le daría lucha. Envenenamiento era una buena posibilidad, pero no era seguro que pudiera administrarle el veneno en algun momento del corto periodo que tendria para hacerlo estando en transito. No, deberia ser algo rapido, instantaneo, que no dejara rastros y que pudiera transportarlo consigo. Llego a la conclusión de que lo mas práctico seria administrarle alguna droga en forma inyectable, no sabia cual, pero algo encontraria. De esta forma podria tal vez acercarse en un baño, o en algun sector despoblado del aeropuerto y hacer su tarea sin hacerse notar.
Mientras miraba la TV, sin realmente ver lo que por ella se emitia, siguió elaborando su plan macabro, o mas bien su plan de justicia, como el preferia llamarlo. El salon se estaba llenando de gente y ruido por lo cual prefirió prefirió pasar al salon contiguo, que era mucho mas grande y ofrecia una vista espectacular de las pistas y los aviones. Se paró junto a una de las ventanas durante un rato, mirando el aterrizaje y el despegue de esos enormes pájaros mecánicos. Le encantaba mirarlos y por un rato sus pensamientos sobre el plan se vieron interrumpidos. Pero asi como mirar los aviones lo hacía disfrutar, pensar en su plan tambien era fuente de placer. Por lo cual volvio a concentrarse en su objetivo. Quería recapitular un poco, para no perder el hilo y no perder detalles. Cuanto mas pensara en cada detalle, menos chance de que algo saliera mal.
“Resumiendo” se dijo, “será en un aeropuerto, preferiblemente de Europa o Norte o Sudamerica, en la sección de pasajeros en transito, y con una inyeccion letal que no dejara el menor rastro y la hiciera parecer una muerte natural.”
Pero este plan presentaba un pequeño problema, o dos mejor dicho. El queria que Atilio supiera lo que le iba a pasar, porque “la anticipación de la muerte es peor que la muerte misma” según una frase que alguna vez había escuchado en alguna película de Hollywood, y quería que sufriera durante un tiempo antes del hecho. Y también queria tener unos segundos con el a solas cuando estuviera muriendo, para ver su rostro agonico y su vida extinguirse para siempre, y que conociera la identidad de su verdugo. El primer problema no era difícil de resolver, ya que podria comenzar a enviarle mensajes, de alguna forma, tal vez a traves de celulares descartables, o de algun modo que no dejara rastros, durante los dias o semanas previos a consumar el hecho. Claro que deberían ser anónimos, y que de ninguna manera lo conectaran a él. Lo importante es que estuviera atemorizado o inquieto, que sufriera de alguna forma en sus últimos dias. El segundo problema era mas difícil, porque dependia enteramente de conseguir la droga ideal. La droga ideal debia reunir las siguientes condiciones: ser fácilmente transportable, no requerir frio o condiciones de almacenaje especiales, que actúe rapidamente pero no instantáneamente como para permitirle esos segundos finales con su victima agonizando, y que no deje rastro alguno en el organismo. El unico aspecto negativo de una droga inyectable era que si se sospechaba de un asesinato, el cadáver seria sometido a una autopsia, y seguramente el medico forense descubriria la marca del sitio de inyección, y de esa forma haria la hipótesis de un asesinato mas plausible. Pero tambien estaba la posibilidad de que el forense no fuera tan exhaustivo y no encontrara el sitio de puncion.
De cualquier manera, aunque descubrieran que habia sido un asesinato, las chances de que llegaran hasta él serian minimas si lo planeaba todo minuciosamente. Pero igualmente debia ir levantando muros de proteccion para que esto no sucediera.
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