Wednesday, June 4, 2008

CAPITULO 6

Habia llegado el momento de poner en marcha su plan, de hacer justicia, de ejecutar su venganza. Era el momento de comenzar a intimidar a Atilio, a asustarlo, a hacer un infierno de sus últimos dias. Se compró un celular descartable y le envió el pimer mensaje de texto, aquella frase de Hollywood que tanto le había llamado la atención, y que a la vez mejor describía lo que él quería que Atilio viviera durante los proximos dias: “La anticipación de la muerte es peor que la muerte misma”. Luego de enviar el mensaje, limpió sus huellas del telefono y le sacó la batería. Tomó un colectivo, se bajó en una parada remota, y tiró el telfono a la basura en un tacho de la calle, cuidando de no ser observado. Repitió esta rutina con cada mensaje enviado. También se cuidó de usar un telefono distinto para cada mensaje, que no fuera rastreable, y de comprarlo en distintos negocios y en efectivo para no dejar rastros con su tarjeta de credito.
Eran la 4 de la tarde, Atilio se encontraba en una reunion de negocios cuando su celular le avisó que tenía un mensaje. Miró la pantalla del telefono, pero no figuraba remitente, era un numero privado. Pasó a revisar el mensaje y no le gustó lo que leyó. Un sudor frio le recorrió la frente y el cuello. Pero se calmó enseguida. Sería una broma, numero equivocado; no tenía de que preocuparse.
“Atilio, parece que hubieras visto un fantasma, estas pálido!” le dijo uno de los hombres sentado frente a él.
“No es nada, número equivocado” respondió Atilio mas sereno. “Continuemos con el trabajo.”
“Si claro” respondió el otro hombre. “Uno de nosotros deberá reunirse con la gente de Chicago para finalizar los detalles del proyecto”
Otro de los hombres sentados en la mesa acotó: “Deberias ser vos Atilio, además te encanta viajar!”
“No hay problemas, creo que con uno o dos viajes tendremos el proyecto en marcha. Además Chicago es una ciudad que me gusta. Le diré a mi secretaria que vaya haciendo los arreglos.”
Luego de la reunión Atilio llamó a su secretaria. Le dijo que arreglara los viajes, uno seria para la semana proxima y el siguiente sería para dentro de 3 semanas. Eduardo se enteró de la noticia. El primer viaje de Atilio sería via New York, pero el segundo seria via Panamá. Esa era la oportunidad, ese sería el momento, esa sería el viaje final de Atilio.
“El viaje final”, ese fue el segundo mensaje que le envió al celular. Atilio se encontraba jugando al golf con unos amigos. Estaba relajado, pero el mensaje lo puso tenso inmediatamente. Nuevamente no habia remitente. Otro mensaje extraño, pensó. No imaginó quien podría estar jugando con el, o si era numero equivocado. Pero si lo era, era demasiada coincidencia. Decidió no darle importancia, al fin y a al cabo no era nada concreto.
Dias mas tarde, mientras estaba en su oficina, su secretaria le entregó los pasajes para sus vuelos. Los puso en su maletin y siguió con su trabajo en la computadora. “Mensaje nuevo” le anunció su correo electrónico. El nombre del remitente “Angel de la muerte”. Estaba por pasarlo a la papelera de reciclaje cuando recordó los mensajes anteriores. Abrió el mensaje por curiosidad: “Se acerca tu hora” era todo lo que decía. Se quedó petrificado frente a la pantalla. El temor se apoderó de su persona. Sería posible que fuera otra coincidencia? Un mensaje al azar, de los tantos que llegaban por dia? Pero era demasiada casualidad. Que hacer, esperar el proximo mensaje para despejar todas las dudas?. Si, eso haría. Pero estaba temblando, estaba entrando en pánico. Se puso a pensar en quien podria estar detrás de esto. Sin duda que habia varias personas que querrian verlo muerto, no era ningun santo. A traves de su vida habia estafado varios socios, sembrado odio en varias mujeres y alienado a familiares y amigos. Su mente recorrió varios pasajes de su vida y la gente a que había dañado. Si bien pensó en varias personas, debía ser alguien muy sofisticado que tuviera acceso a sus telefonos, su correo electrónico, su agenda. Luego de hacer una lista de posibles candidatos, la guardó en su maletin. En la lista no figuraba Eduardo. Si el acoso continuaba, ya pensaria la manera de averiguar quien estaba detrás de esto. Si era alguna broma, sin duda era de muy mal gusto.
Eduardo decidió hacer una pausa en sus mensajes. Atilio ya estaria por lo menos preocupado a estas alturas, si es que no comenzaba directamente a sentir miedo. Sabía que Atilio habia cosechado muchos enemigos a lo largo de su vida, y era difícil que sospechara de él. Habia pasado demasiado tiempo. Por otro lado, mejor asi. Que no supiera hasta el ultimo momento quien estaba detrás de todo esto. Que la sorpresa fuera uno de los elementos de su aterrado final. Que sus actos repugnantes le vinieran a la mente en los ultimos momentos de su vida, que su mente retorcida comprendiera que su final violento era lo que merecía, era la macabra cosecha de lo que habia sembrado a traves de su vida. Que aquel niño inocente que habia violentado habia venido a cobrar su cuenta pendiente. Imaginaba el momento una y otra vez, la cara de Atilio horrorizada, su lucha por aferrarse a la vida, la comprensión final de que seria inútil, de que su fin estaba sellado. Lo imaginaba rogando, pidiendo un tardio perdon, una falsa disculpa solo para zafar del momento. Sus ojos de terror, su expresión extinguiendose hasta el aliento final. Y con la muerte de Atilio, su mente liberada para siempre de las memorias horribles, su vida ahora capaz de seguir sin esa piedra en su corazon.
La cuestión de la culpa por el asesinato jamás le habia preocupado, siempre habia sentido que estaba haciendo lo correcto, que solo estaba administrando la justicia que el sistema legal le habia negado. Y que la sociedad toda estaria mejor sin esa lacra caminando por las calles. Pero ahora no estaba tan seguro, la proximidad del asesinato le habia hecho reflexionar. Un sentimiento habia aparecido, si bien tenue, ahí estaba. En principio, ni por un momento se le cruzó por la cabeza darle importancia, pero con el correr de los dias solo creció hasta hacerlo dudar de sus actos. Y al imaginar el dia después, ya no estaba tan claro que fuera la panacea que habia esperado toda su vida. Pero ya estaba todo en marcha, y no era hora de flaquear a ultimo momento.


CAPITULO 7

Entro al hospital por la puerta del personal, vestido con ambo de trabajo, como la mayoria de los medicos y enfermeros. Se había maquillado y tenia una peluca, nada demasiado elaborado pero suficiente para que su verdadera identidad estuviera totalmente disimulada. Si por una de esas circunstacias imprevisibles alguien revisara los videos del hospital, seria imposible que fuera reconocido. Tambien habia procurado una identifiacion de un miembro del personal del hospital que habia sustraido sigilosamente en una de las estaciones de enfermeria unas semanas antes, al visitar a un amigo enfermo que estaba internado. Se la colgó en el bolsillo delantero de la chaqueta, como la mayoria de los empleados del hospital.Se dirigió al mismo piso donde habia estado internado su amigo, ya que sabia donde se encontraba el carro de reanimacion que se utilizaba en esa sala. Caminó por el pasillo con toda naturalidad y cuando llegó al carro se paró frente a el y con una tijera cortó los sellos con los que se aseguraban los distintos cajones donde estaban las distintas medicaciones. Una enfermera que pasaba le dio una mirada inquisitiva. Continuó abriendo los cajones como si nada, pero al ver la expresión contrariada de la enfermera, se apresuró a tranquilizarla: “Estoy verificando que esté todo lo necesario, soy de farmacia”“Ah! Tuvimos un paro la semana pasada, fijese que se reponga todo lo que se ha usado” y siguió su camino. Eduardo habia averiguado que los carros eran revisados periódicamente por el personal de farmacia, por lo cual la enfermera no le dio mayor importancia.Encontró rapidamente la adenosina y se puso varias ampollas en el bolsillo. Se alejó rapidamente y tomó las escaleras hacia la planta baja y la salida del hospital. Una parte importante del plan se habia concretado.Estaba satisfecho con el progreso. Los pasajes ya estaban listos, habia hecho coincidir su itinerario con el de Atilio en el viaje de regreso a Buenos Aires. Ambos harian una escala en Panamá, Atilio en su regreso de Chicago y Eduardo regresando de Los Angeles, donde habia arreglado un encuentro de negocios para cerrar un negocio de su empresa.Atilio ya habia regresado de su primer viaje y ahora quedaban 10 dias para el segundo viaje, “su ultimo viaje” pensó Eduardo.Era hora de volver a los mensajes, de crear el clima para que los ultimos dias de Atilio fueran un infierno. Para que viviera atemorizado, aterrado, con el fantasma de la muerte rondando, con la incertidumbre de que podia esperarlo a la vuelta de la esquina.“Tu hora se acerca” fue el mensaje que recibió Atilio mientras tomaba unas copas en un bar con unos amigos. Su cara empalideció y sus amigos lo notaron, pero Atilio no dio ninguna explicación, solo terminó su bebida y se retiró con una excusa que ninguno creyó. Salió a la calle mirando a su alrededor, observando, buscando algun rostro reconocible, alguien que tuviera alguna actitud sospechosa. No vio nada. Mientras caminaba pudo sentir su respiración agitada. Se dio cuenta de que estaba aterrorizado, como si los mensajes fueran una profecia que estaba por cumplirse. No podia seguir asi, debia poner un corte a la situación, de lo contrario la escalada de temor solo seguiria en ascenso.Decidió contactarse con su investigador privado, quien lo ayudaba de vez en cuando en algun que otro caso para reunir información sobre algun cliente o para algun caso penal que debia representar. Lo llamó a su celular pero estaba apagado, le dejó un mensaje para que lo llamara. Se fue para su casa caminando, quedaba a una pocas cuadras del bar. Las calles estaban casi desiertas, ya eran casi las 12 de la noche. Sintio unos pasos por detrás que se acercaban rapidamente, la transpiración le caia por el cuello, pero nadie se atreveria a atacarlo en medio de la calle, pensó. Siguió caminando unos metros y los pasos seguian detrás suyo. La mejor opcion seria confrontar el peligro, pero se dio cuenta que no tenia las agallas para hacerlo, era un cobarde de verdadera estirpe. Al sentir los pasos casi encima de el se dio vuelta repentinamente como para implorar por su vida, para arrodillarse ante su verdugo, pero el hombre detrás de el siguió caminando como si nada. Ya estaba paranoico, el terror lo dominaba, no podia seguir asi. Llegó a su casa y cerró con llave, verificó todas las entradas y se sirvió una copa de whisky para calmar un poco la ansiedad, Se tomó la primera medida de un trago y se sirvió mas. Comenzó a repasar en su cabeza quien podria estar detrás de todo esto, la lista era larga. Ahora Eduardo estaba en esa lista, pero bien abajo, habia pasado demasiado tiempo, no lo consideró como un candidato serio. No pudo decidir quien o quienes serian los mas probables. En medio de su excitación y ansiedad decidio tomarse una pastilla para dormir, de otra forma seria dificil que pudiera conciliar el sueño esa noche. Entre el alcohol y el sedante quedó dormido en el sofá.Fue despertado a la mañana siguiente con el ruido de su celular nuevamente indicandole que tenia un mensaje. Lo miró temblando, casi al borde del panico. Era su secretaria, lo estaban esperando en la oficina hacia rato para una reunión. Miró su reloj, eran las 10 de la mañana, habia dormido mas de la cuenta, aunque igual se sentía exhausto, nervioso y deprimido. Se dio una ducha rapido y salió para la oficina. En camino recibió el llamado de su investigador. “Te espero en la oficina en 1 hora” le dijo sin dejar lugar para cambios.Luego de la reunion de negocios atendió a Diego, su investigador privado. Le contó los acontecimientos de los ultimos dias y le mostró los mensajes del telefono, los mails y demas detalles. Tambien le dio la lista de la gente que pudiera estar involucrada.Diego le hizo algunas preguntas y le prometió respuestas pronto.”Me voy a Chicago en los proximos dias, para cuando vuelva quiero saber quien es el maldito que esta detrás de esto”, le ordenó Atilio.“Espero tener novedades para su vuelta” se limitó a responderle Diego.Pasaron cuatro o cinco dias tranquilos para Atilio, pero esa tarde recibió una carta sin remitente y escrita en una computadora. El sello del correo decía que habia sido enviada desde la localidad de Berazategui, lejos de la ciudad. Podría ser una pista, o al menos darle alguna informacion. La abrió mientras le pedia por telefono a su secretaria que citara a Diego inmediatamente.“Estas viviendo tus ultimos dias, por lo cual te recomiendo, pequeña basura humana, que te vayas despidiendo de quienes debas despedirte. Mira el lado bueno, muy pocos saben la fecha exacta de su muerte, pero vos tienes esa ventaja. Y eso tambien te da la oportunidad de arrepentirte de tus actos deleznables y de pedir los perdones correspondientes. Tal vez Dios se apiade de tu alma.”Diego miró la carta unos minutos. “El sello postal probablemente no nos diga nada, seguramente la carta fue echada en un buzon. Solo nos indica que lo hicieron el la zona de Berazategui. Y la impresión es de una impresora cualquiera, imposible de rastrear. Este tipo es muy inteligente y tiene todo bien estudiado y planeado. No sera facil identificarlo, si es que en algun momento lo logramos”“Pero Diego, carajo!! No tengo tiempo, si este hombre, o mujer, habla en serio, mis dias estan contados”, le gritó Atilio visiblemente alterado.“Es que me tomará algun tiempo investigar a su lista de gente, y los mensajes que ha recibido no dejan pistas. Lo voy a seguir a usted unos dias para ver si identifico algun sospechoso”“Haga lo que tenga que hacer, por otro lado no seria mala idea, en caso de que este loco me ataque, estando usted cerca me puede ayudar”.Atilio esperaba ansioso el momento de su viaje, por lo menos en el exterior estaria a salvo y podria olvidarse un poco de todo el asunto, por lo menos por unos dias. Eso pensaba…..

CAPITULO 8

Eduardo no podia contener su euforia, su excitación. Ya faltaba poco, el dia se acercaba. Al dia siguiente partiría Atilio, y el lo haria el dia despues. Habia pensado en salir el mismo dia y asi observarlo en el aeropuerto, pero era demasiado arriesgado y podria arruinar el plan.Le mandó lo que sería el ultimo mail antes de la partida, para mantener en vilo a esa alma maldita: “puedes huir, pero no puedes escapar” fue todo el mensaje.Había notado un hombre siguiendo a Atilio desde hacia un par de dias, por lo cual decidió no continuar su propia vigilancia. Otro riesgo innecesario decidió.Ya tenía todo listo para el viaje, y para su plan. Hizo una ultima revision de todo lo necesario, de los preparativos y solo quedaba esperar.Atilio partió y Eduardo hizo lo propio al dia siguente. Mientras estaba en Los Angeles, Eduardo se dedicó a lo suyo y luego le quedaron un par de dias para hacer un poco de turismo. Se dedicó a recorrer la ruta costera hacia San Franciso, un recorrido que siempre le habia gustado y que habia hecho dos veces en el pasado. El color del Pacifico era de un azul hermoso, y los pueblos costeros muy pintorescos. Durmio en Monterrey y pegó la vuelta. A la mañana siguiente entro a un ciber-café y le mandó otro mail a Atilio: “No hay lugar seguro en este planeta, la distancia no es proteccion para los malditos”Atilio recibió el mail inmediatamente, se encontraba en ese momento trabajando en su computadora, preparando la reunion final de su viaje. Llamó inmediatamente a Diego por telefono y le comunico la novedad.“Voy a averiguar con su proveedor de e-mail a ver que informacion puedo recabar, lo llamare en un rato”.“Quiero que me llame en cuanto sepa algo” le dijo Atilio y cortó.Se fue para su reunion. Quedaba en un hotel cercano. El encuentro fue cordial aunque largo y tedioso. Durante la reunion no pudo sacarse su preocupacion de encima. Casi al final, sonó su celular. Era Diego con novedades y no alentadoras.“El mail salio de Estados Unidos, de la zona de Los Angeles.”El sudor comenzó a recorrer la frente de Atilio. “Que!? Pero si todos los anteriores salieron desde Buenos Aires. El unico consuelo es que por lo menos no son de Chicago. Esto ya va demasiado lejos, cuando vuelva a Buenos Aires, quiero a la policia involucrada”“Lo que usted diga jefe” le respondió Diego, mientras pensaba para sus adentros: “volvera?”Atilio volvio rapidamente a su hotel, no sabia que hacer, estaba realmente asustado. Mañana partiria para Buenos Aires.

CAPITULO 9

El trafico al aeropuerto de Chicago era infernal, el taxi que habia tomado en el hotel avanzaba a paso de hombre por la autopista. Por suerte tenia tiempo, siempre salia con tiempo por las dudas. Preferia esperar en el aeropuerto y no estresarse por las demoras. Llegó bien, y se puso en la fila para hacer el check-in. Mientras esperaba, su celular recibió otro mensaje. Se sobresaltó. “Como va la vida? Como será la muerte?” era todo lo que decia. Deseó que todo fuera una pesadilla, pero sabia que no lo era, todo era bien real, y habia mucha gente que habia herido y pisoteado durante su vida, por lo cual no era raro lo que le pasaba. Pero cuando llegara a Buenos Aires le pondría un corte definitivo a la situacion, avisaria a la policia y contrataria una custodia personal. Pasó la seguridad del aeropuerto y quedó en la zona de embarque. Tenía un trecho hasta Panamá que aprovecharía para leer y despejar su mente. Y luego dormiría en el trayecto a Buenos Aires. El vuelo a Panamá fue tranquilo, y pudo terminar la novela que estaba leyendo. Se bajó del avion y quedó en la zona de pasajeros en transito. Se sentó en uno de los salones y miró TV un rato. Estaba inquieto, tenía un mal presagio. Se puso a caminar por el aeropuerto, nervioso. Eduardo habia partido de Los Angeles casi al mismo tiempo y arribo a Panamá un ratito antes que Atilio. Se fijó la puerta por la que arribaria y procedio al baño donde se disfrazó con la peluca y el maquillaje que llevaba encima. Estaba irreconocible. El avion de Atilio aterrizó en horario. Se sentó en un asiento desde podia contemplar el arribo de los pasajeros a distancia prudente. Atilio bajó casi al final, y la mayoria de los pasajeros fueron hacia Migraciones, solo unos pocos quedron en transito. Lo siguió a Atilio hasta el bar. Lo observó mientras tomaba su bebida y cuando Atilio comenzó a caminar, en un momento enfilando para los baños, y especificamente hacia la puerta de su destino. Eduardo se dijo que este era el momento. Rapidamente enfilo para ahí y llegó antes que Atilio, se introdujo en el privado. Atilio entró y se paró frente al mijitorio. Salió rapidamente del privado y trabó la puerta de ingreso al baño. Atilio lo miró contrariado y acto seguido Eduardo se abalanzó sobre el y lo aferro del cuello, casi inmovilizandolo. Sacó la jeringa y le inyectó 84 miligramos de adenosina por el cuello, una dosis letal. Mientras la droga circulaba por la sangre hacia el corazon derecho, Eduardo lo dio vuelta y se sacó la peluca. Atilo entre cofundido, horrorizado, sorprendido, moribundo se agarró el cuello y alcanzo a balbucear “Eduardo……..” Recogió todo e inspeccionó el lugar. Atilio había muerto, ya no había mas Atilio. Eso lo reconfortaba, esa persona diabólica no habitaba mas este mundo. No sabía si habitaba algun otro mundo, si es que lo había, pero este seguro que no. Su cadáver inerte habia quedado tendido al lado de ese retrete, flaccido, con esa leve, casi imperceptible expresión de terror en su ojos. Su momento había llegado, el de Atilio y el suyo propio. Para Atilio, la muerte violenta, la que se merecía. Para él, la justicia. O la venganza, como fuera que uno la mirara. Si bien sintió la satisfacción, el desahogo, y en cierta forma la felicidad de matar a Atilio, casi inmediatamente se dio cuenta que no era la panacea que habia esperado. Su mente se paró en seco, una rafaga de pensamientos se le cruzó a la velocidad de la luz. Se puso el disfraz y se estiró hasta la puerta y le sacó la traba. Inmediatamente se abalanzó sobre el cuerpo de Atilio y comenzó a reanimarlo. Sabia perfectamente las maniobras de reanimacion cardiopulmonar. Tenia unos minutos para hacerlo para mantener con vida las celulas de Atilio, y que se eliminara la adenosina de la sangre y de sus tejidos. Una vez sucedido eso su corazon comenzaria a latir. Habria que ver con que daño en sus sistemas, en especial el nervioso. Pero eso era otra cuestion. Lo reanimó durante unos minutos, 3 o 4, y la puerta del baño se abrio y entró un hombre. Lo miró en forma extraña y Eduardo inmediatamente le gritó: “Llame al 911 inmediatamente, estoy reanimando a este señor”. Le tomó el pulso y ya tenia pulso, y respiraba espontaneamente. El pulso era debil al principio pero se fue haciendo cada vez mas fuerte. “Esta vivo” le dijo al otro señor, “quedesé aca un minuto, yo ya vuelvo. Tomele el pulso de esta manera, y no se mueva de su lado.” Salio del baño y se dirigió al lugar donde debia sacarse la peluca. El lugar estaba desierto. No tuvo problemas, siguió su camino hacia un bar y se sentó a tomar un café. La espera se hizo larga, pero entretenida, ya la gente comentaba sobre el hombre que habia muerto en el baño pero alguien lo habia renimado y desaparecido. Aparentemente los paramedicos se lo habian llevado en estado de coma pero vivo. Minutos mas tarde se encontró en su vuelo, reclinado, sobrevolando Centroamerica en direccion a la Argentina. Cumplió el plan maestro a la perfeccion, no? Siguió la noticia por internet a traves de los diarios panameños. Habian identificado al hombre, que era argentino. Pero habia quedado en un estado que los neurologos denominan “lock in syndrome” en el cual la persona esta perfectamente conciente de su ambiente, lucida, pero sin ninguna posibilidad de comunicación; para los que lo examinan, es un paciente en coma profundo. Nuevamente le vino la pregunta, “habia cumplido el plan a la perfeccion? No, para nada…..En realidad el plan era matarlo, lo cual no hizo, o mas bien hizo y luego deshizo. Analizandolo detenidamente, no habia cumplido nada, pero su poder de improvisacion y velocidad fueron increibles. Lo que su conciencia podria tolerar lo vio claro, y tan rapidamente…..y luego actuó en consecuencia tan rapidamente…..y habia salido tan bien…..Atilio estaba vivo pero muerto, no habia habido homicidio, él habia dejado el lugar sin una huella, y para empezar nadie sospechó nada raro. Ningun cabo suelto, “el crimen perfecto?” Atilio en su soledad no se resistia todavia a su destino, y su odio a su verdugo crecia en proporcion a su imposibidad de hacer o decir algo al respecto. Luego de semanas de internacion la cancilleria panameña comenzó a hacer gestiones para que la Argentina se hiciera cargo de su ciudadano, ya que los intentos por lograr que algun amigo o familiar de Atilio se encargara del asunto no habian tenido éxito.
Triste final.

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